domingo, 27 de marzo de 2011

Civismo japonés

Casi un 70% de los japoneses apoyarían un aumento de los impuestos para ayudar a reconstruir el país, pese al descontento por la gestión del Gobierno de la crisis nuclear de Fukushima. Son los resultados de una encuesta realizada por la agencia de noticias japonesa Kyodo. El pueblo japonés no está contento con la gestión de la crisis, pero está dispuesto a callar y ayudar.

Uno de los aspectos que más se comentaban en las charlas informales acerca del desastre que asola Japón era la aparente tranquilidad con la que el pueblo nipón trataba de salir adelante. A occidente no han llegado imágenes de saqueos, tumultos o gente desesperada por ayuda. Solo caras tristes y resignadas, casi como impasibles, hacía lo que era un verdadera desgracia.

Los esfuerzos por intentar extrapolar imaginariamente la situación a España acaban siempre en un ideario colectivo de que el país viviría un auténtico caos. Gente al borde de un ataque de nervios y toda una nación paralizada. Por eso se mira a los japoneses con admiración. Un pueblo que superó con tranquilidad y trabajo dos bombas atómicas y una posguerra tremenda. Ahora se disponen a hacer lo mismo.

Más sorprende al saber que están disgustados con la actuación de su Gobierno (casi un 60% de encuestados afirma estar descontento con la gestión de Fukushima). Los japoneses, en una auténtica lección de civismo y solidaridad nacional, prefieren el silencio, agachar la cabeza y trabajar para sacar adelante al país. Quizás cuando Japón vuelva a la normalidad, será el momento en el que se eleven las quejas y protestas del pueblo.

Juan Pablo Merchán Ruiz

domingo, 20 de marzo de 2011

Controlar lo incontrolable

Una crisis nuclear se ciernes sobre Japón. El país asiático vivió un auténtico desastre natural con el terremoto y posterior Tsunami que arrasó con todo lo que encontró por delante. Dentro de esos obstáculos que el crecido mar superó en su camino hacia la destrucción estaba la central nuclear de Fukushima, que casi 10 días después del desastre emite radiación y amenaza con provocar un accidente de consecuencias semejantes a las de Chernóbil.

Ante esta situación, el debate acerca de si se debe seguir apostando por las centrales nucleares está más que abierto. Su riesgo es lo suficientemente potencial y destructivo como para que se limitara seriamente su uso hasta su desaparición. La poca frecuencia de accidentes no es contrario a su fragilidad ante la naturaleza, tan imprevisible. Incluso ante la amenaza del terrorismo, que podría tener en las centrales un objetivo tentador.

La apuesta por esta fuente de energía es parte del empeño del ser humano en dominar su medio, en controlar lo incontrolable y en ir siempre más allá, hasta límites que pueden ser peligrosos. Con Fukushima de fondo, son varias las potencias que han decidido revisar sus centrales, empezando por Estados Unidos. Alemania  ha ido incluso más allá y ha cerrado las más antiguas.

En España, son seis las centrales nucleares repartidas por nuestra geografía y también ha sido anunciada una revisión exhaustiva de sus instalaciones. Que España no es dada a desastres naturales lo sabemos todos, pero también sabemos que el riesgo está ahí y su poca probabilidad no compensa sus posibles consecuencias. Menos en un entorno tan favorable para las fuentes de energía renovables como la eólica o la solar.

Juan Pablo Merchán Ruiz